transcapitalismo

18 febrero 2009

Imagino el espanto, el horror, el pánico, la angustia, el corazón desbocado entre las carreras y los gritos de los pasajeros al advertir que el insumergible Titanic empezaba a escorarse de manera evidente hacia el fondo del océano helado. No hay escapatoria. Sabes que tu final es cierto. Todos aquellos que no alcancen a caber en un bote salvavidas morirán por caídas bestiales, empalados en las barandillas, por hipotermia o con los pulmones encharcados en Atlántico.

Da miedo, ¿eh? Y no es para menos.

¿Pero hasta qué punto esta tétrica descripción podría ser válida como metáfora de la crisis estructural del capitalismo que estamos sufriendo y que parece que va a fustigar con la mayor crueldad a la casi totalidad de los habitantes de este bendito planeta?  Lo cierto es que en el Titanic las opciones eran más bien escasas, casi ninguna: aguardar el fin de la música y la oscuridad total. El barco insignia -paradójicamente- del progreso de la época se convirtió en una mortal ratonera.

Leyendo las notícias y comentarios sobre economía que van apareciendo, realmente el panorama se asemeja a un naufragio colectivo en el que todos se miran entre si esperando al iluminado que encuentre una via de escape. La música suena todavía, luego estamos aún razonablemente horizontales. Sin embargo, se constata una gran variedad de informaciones que van desde los angustiosos incrementos en el desempleo hasta las extraordinarias ganancias de los grandes bancos y sus directivos (que rayan el insulto público) pasando por el aumento de la morosidad o las increíbles y desfachatadas inyecciones de dinero público en el sistema que algunos atacan como contraproducentes o, en fin, el griterío de la clase empresarial demandando el abaratamiento del despido. ¿Pero realmente estamos en la cubierta del Titanic oyendo el violín y salpìcándonos con la espuma que rompe contra el hierro? A mi me da que no.

Creo que estamos en otro tipo de situación.

En mis noches adolescentes de cine-club, hubo una película que me zarandeó por su inquietante propuesta. Era “El Ángel Exterminador” del gran creador Luís Buñuel. Para quien no la haya visto, trata de un grupo de personas, que no aciertan a salir de una casa, una vez terminada la reunión. Sencillamente, no salen, y no se da en la película explicación alguna de esa absurda e invisible obstáculo: está en la mente de los presentes. Es una metafóra válida para describir muchos escenarios, pero creo que es especialmente indicada para describir el actual paisaje social y económico planetario.

Estamos encerrados en nuestros propios miedos, tenemos el paso barrado por una frontera imaginaria que no alcanzamos a vislumbrar. Aferrados a la estructura económica que ha sobrevivido durante siglo y medio, distando mucho de ser la mejor posible y que en el presente parece hacer aguas por doquier -aunque no para todos-, nadie imagina que haya camino posible hacia alguna salida, tan solo rezar para que aguante un poco más, a ver si se revitaliza y todos podemos suspirar de alivio, encima de un montón de cadáveres. Y al final tendrá razón Fukuyama y su tan traído y llevado “fin de la historia”. Pero eso sería el triunfo de la estupidez.

Más allá del capitalismo elitista hay vida. Y vida inteligente. Cierto es que sería un salto hacia lo desconocido porque es un territorio nunca pisado, y eso atemoriza. Pero hay espacio para avanzar, tiene que haberlo, y solo es cuestión de imaginar, tantear y avanzar. Pero arrastramos un lastre pesado: sin duda,  aquellos que han hecho del capitalismo una fuente de riqueza, de riqueza personal. De poder, de control y vileza. Lo cierto es que, antes de la crisis, el capitalismo ya era en si un sistema viciado desde su nacimiento, perverso, insostenible, amoral y asocial. Sin duda ha traído grandes avances tanto en el campo de las libertades individuales como en la implantación de la democracia como sistema político, en ciencia y tecnología aunque muchos se deben más a la presión continuada de la sociedad, las luchas obreras y estudiantiles que la propia dinámica del sistema. También nos ha traído las peores guerras que se recuerdan en este planeta, la peor devastacion ecológica y el doblegamiento final de la masa occidental a un servilismo hacia el rico y el dinero, casi incomprensible, sin mencionar a los otros dos tercios de la humanidad agonizantes.  ¿Será cierto que el esclavo ama sus cadenas…? ¿En verdad creemos que esto es el fin de la historia?

Y es que un sistema de organización economico-politica que te dice a la cara que hay que aceptar un tanto por ciento de desempleo estructural sin despeinarse ni dejar de sonreir, que el mercado se autorregula y que el intervencionismo es pecado mortal, que hay que privatizar todas las actividades humanas susceptibles de ser rentables en mayor beneficio de los consumidores (ya no personas) -desde la educación a la sanidad y la farmacología pasando por el agua corriente, las operadoras de telefonía, las autopistas, el ejército, la policía y la gestión de las cárceles  y hasta el clima- es de un cinismo abominable. ¿Nadie aprecia la mueca esperpéntica en su sonrisa? ¿La calavera del banquete final? Este sistema valora a las personas en función de sus ingresos, de su patrimonio. El tanto tienes, tanto vales, que no estaría mal si todo el mundo tuviera en verdad las mismas oportunidades de partida, pero creo que incluso esto se ha revelado como  mentira propagandística  a estas alturas del partido.

Dinero, dinero, dinero. Poderoso caballero.

¿Nadie ha advertido cuán infame es el dinero? Un sistema que valora igual el dinero inpoluto  salido del salario de un trabajador que el dinero sucio de un proxeneta que compra mujeres en los países bálticos para obligarlas a prostituirse en Londres, Barcelona o Milán, o el de un gran narcotraficante con yate y ejército propio, o el de un gran banquero o político corruptos, o las fortunas hechas sobre la fabricación, venta y uso de las armas, provocando constantemente conflictos en todo el orbe… no puede ser bueno. El dinero es sucio: dinero… caca.

Y la usura, crimen.

Y es que el sistema monetarista es campo propicio para los carentes de ética e incluso del mínimo sentido de pertenencia a la Humanidad, aunque al parecer también lo es para los creativos y emprendedores honrados, que haberlos haylos. Sin embargo las 500 mayores fortunas del mundo suponen más de la mitad de la rizqueza mundial (y creo que me quedo corto). Hay personas que tienen una fortuna  mayor que el PIB de algunos países. A mi, perdónenme, este orden de cosas no me parece normal. Debiendo ser un circuito cerrado,  en el que el dinero se constituya en metáfora, en símbolo de la riqueza total, por una cuestión de agilizar las transacciones económicas, el sistema permite fugas sistemáticas de energía-dinero que no se reviereten en la misma medida otra vez al sistema y que, inevitablemente tiene que salir de las espaldas de los deshauciados del tercer mundo y los nuevos esclavos telehipnotizados del occidente desarrollado. El dinero deja de ser medio para ser fin en si mismo.

Así que, vistas las cosas desde esta perspectiva, aún puede que resulte positiva la presente crisis siempre y cuando decidamos salir de la habitación, cruzando ese linde oscuro que nos atemoriza. No sabemos hacia dónde vamos. Nunca se ha visto una situación como la presente, no vale volver la vista al pasado para encontrar un punto al que retornar: esa alternativa no vale porque ya sabemos a dónde lleva y ahí no hay nada que recuperar. Por el contrario, la solución está por ver, está en la página en blanco del futuro, ha de ser algo nunca visto. Habrá que inventar, improvisar y tomar conciencia de que a estas alturas es una tarea que nos incumbe a todos, porque si la dejamos exclusivamente en manos del poder y sus lacayos, el resultado es previsible y nada sugerente.

Yo lo llamo así. No sé aún qué significa. No sé que forma tiene. No tengo idea de cómo se articula ni de cuál es la transición. Pero desde ya, lanzo una invitación a ir hacia él, a crearlo, a definirlo,a formarlo, a instituirlo, esta vez en beneficio de todos los habitantes del planeta. Al fin y al cabo nostros mismos definimos los Derechos del Hombre y entre ellos nos se encuentran la explotación, la usura, el dominio y la humillación y el exterminio de los semejantes y del planeta entero con toda su diversidad biológica.

Reconzcamos lo bueno que ha traído el capitalismo. Démosle las gracias por ello y despidámoslo amablemente. Y empezemos a intentar vislumbrar cómo deshacernos de lo malo inherente al sistema y superarlo por la banda. No sólo no todas las opciones  están cerradas sino que es más urgente que nunca que las investiguemos, consideremos, sopesemos, evaluemos y promovamos.

Vayamos hacia el transcapitalismo. Todo un mundo por crear


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